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Prostitución en La Habana: “Que deseas chicos o chicas”, testimonio de un proxeneta en Cuba

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Un joven proxeneta, natal de La Habana, idenificado para este testimonio como “Danay”, confesó abiertamente, la manera en la que se gana la vida en la capital cubana.

“¿Qué buscas, chicas o chicos?”, así de directa es la pregunta con que Danay interpela a los turistas que se detienen a descansar a la sombra de un árbol o en un banco del Parque Central.

Para el joven habanero, proxeneta y al mismo tiempo prostituto, casi todo quien asoma por allí, más al caer la tarde, lo hace buscando alguna compañía ya para pasar el rato o la noche, ya para consumar esa fantasía sexual que imaginara cuando decidió ir de vacaciones a Cuba.

“Si pasan más de diez minutos, están en algo (…), hay muchos hoteles cerca, solo tienen que bajar y buscar (…), aquí encuentran cosas buenas, bonitas y baratas”, dice quien, a juzgar por la risa, no parece sorprenderle que el tramo de ciudad llamado a convertirse en el principal “circuito de lujo” para el turismo sea hoy la zona de prostitución menos exigente de La Habana, aunque por eso la más concurrida y, por tanto, el lugar que sirve de “polígono de entrenamiento” a primerizas y primerizos.

La estación de trenes que enlaza la capital con el empobrecido interior del país queda solo a unas cuadras y para muy pocos cubanos es un secreto que, a diario, hombres y mujeres jóvenes, apenas bajan de los vagones, enfilan hacia los bancos del parque, algunos hasta con sus equipajes encima, para no perder un segundo.

Según Danay, hoy tan solo en el Parque Central es posible que haya más de un centenar de personas, de ambos sexos, ejerciendo la prostitución de manera regular. Él, que tiene solo veintidós años, lleva ya unos cinco, quizás más, trabajando en esa “vía ardiente” que abarca desde la calle Monte, pasando el Parque de la Fraternidad, los alrededores del Capitolio, el cine Payret y que además atraviesa el Paseo del Prado hasta el Malecón, donde se conecta, intermitentemente, con otras zonas de “jineteo” en la Avenida del Puerto o en la Rampa, todo un conjunto de rutas donde el sexo por dinero pudiera ser el corazón de la economía.

“Es posible que sean más (…), ahora con la temporada alta (del turismo) para acá vienen una pila de chamacos, todo el que está en su provincia viene para La Habana a hacer dinero y después se vuelven a ir (…), la diferencia con el Vedado es que aquí (en el Parque Central) es (…) desde por la mañana hasta al otro día, siempre hay gente buscando, cubanos, turistas, este es el lugar. Allá (en el Vedado) es más bien por la noche, después de las seis, las siete (…), aquí se cobra menos pero puedes hacer más dinero porque es matar jugada y ya, cinco pesitos por aquí, diez pesitos por allá (…) en el Vedado es por las noches y ya los extranjeros le han cogido la vuelta, saben que por las mañanas buscan un chiquito en el Parque Central por 10 o 20 fulas (dólares) porque en el Vedado es más caro (…), aunque ya hay más competencia”, explica quien llegó a la capital para estudiar en la universidad y terminó decantándose por alquilar su cuerpo.

“Estudiaba pero igual, con miles de necesidades, sin un peso, esperando a cobrar el estipendio o a que mi mamá mandara algo, y un día salí por la noche y bajando por aquí me dice un yuma que cuánto yo cobraba (…), yo no andaba en eso, de verdad que no, pero me dio por decirle 30 pesos (dólares) y el tipo me dijo ´vamos´ (…), cuando yo vi ese dinero en mis manos me dije ´esto es lo mío´ y comencé a venir los fines de semana (…), después si un yuma (…) me decía que yo no, que (quería) una chica o un pasivo, un rubio, un negro o uno (con el pene) grande, yo se lo buscaba y me ganaba 5 fulas (…), yo iba para la facultad, le hablaba a los que conocía que también andaban en esto y, si les cuadraba, pues ya (…), aquí ahora conmigo (prostituyéndose) todavía hay dos jevas (mujeres) que estudiaron conmigo, y Ahmel que se casó en junio con una canadiense y se piró (emigró)”, relata Danay.

(Con información de Cubanet)